Lo ideal en estos casos
sería morirse de muerte natural,
hacer un gesto agrio, estirarse
definitivamente,
y marchar con cuidado
para que nadie pueda
darse por ofendido.
Pero ello no es posible
sin contar con Dios Padre
-y los restantes.
Por eso
-trío en la calle, tedio
en los que pasan-
permanezco en un sitio, y vivo
-corazón asediado por el llanto-
mi hora la terrible:
la que aún no ha sonado.
sería morirse de muerte natural,
hacer un gesto agrio, estirarse
definitivamente,
y marchar con cuidado
para que nadie pueda
darse por ofendido.
Pero ello no es posible
sin contar con Dios Padre
-y los restantes.
Por eso
-trío en la calle, tedio
en los que pasan-
permanezco en un sitio, y vivo
-corazón asediado por el llanto-
mi hora la terrible:
la que aún no ha sonado.
Ángel González
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