Hace unos cuatro años me regalaron un libro de un autor desconocido hasta la fecha por mí. Se trataba de La espuma de los días (1947), de Boris Vian.
Sobre el libro, podría decir mil cosas, pero saldrían de lo más profundo de mí... el libro me enamoró, el autor me enamoró. Recuerdo que me lo leí en apenas dos días, podría haber sido perfectamente en uno, pero nunca he sido de las que dejan olvidadas otras funciones cotidianas por engancharse a algo... Aún así el libro seguía en mi mesita de noche invitándome a cogerlo para seguir descubriendo algo de él. Eso es, cada vez descubría algo nuevo del libro. No hay cosa más bella, que algo que ya conoces bien te siga sorprendiendo.
Vian utiliza un universo extraño y a veces incomprensible, pero aún así podemos llegar a asemejarlo al nuestro, para explicarnos una tierna y emotiva historia de amor, desde la incosnciente visión de la joven pareja. Un mundo cargado de pasión, admiración, y sobre todo obsesión.
Sobre el autor... Boris Vian (1920-1959) fue ingeniero, cantante, trompetista, inventor, locutor, escenográfo... Polifácetico hombre que supo vivir vehementemente sus cortas e intensas vidas paralelas. En el París de posguerra se acercó a los grupos existencialistas, como el de la revista Les Temps Modernes, dirigida por Sartre hasta las caves de jazz, donde tocaba y escribía crónicas para la revista Hot Jazz. Además de novelas escribió también poesía, treatro y cuentos. Otros títulos son: La hierba roja, Escupiré sobre vuestra tumba, El arrancacorazones, El otoño en Pekín, El lobo-hombre, Que se mueran los feos, Con las mujeres no hay manera.
Aquí os dejo con un pequeño fragmento del libro:
"Bebe -dijo Colin.
-Una vez al año no hace daño -dijo-. Creo que podríamos terminarnos la botella.
-¿Y si cortáramos la tarta? -dijo Chick.
Colin cogió un cuchillo de plata y se puso a trazar una espiral sobre la blancura pulida de la tarta. De repente, se detuvo y miró su obra con sorpresa.
-Voy a probar una cosa -dijo.
Tomó una hoja de acebo del ramo de la mesa y, con una mano, asió la tarta. Haciéndola girar rápidamente sobre la punta del dedo, colocó, con la otra mano, una de las puntas del acebo en la espiral.
-¡Escucha!... -dijo.
Chick escuchó. Era la canción Chloé en la versión arreglada por Duke Ellington.
Chick miró a Colin. Estaba tremendamente pálido. Chick le quitó el cuchillo de la mano y lo hincó con ademán firme en la tarta. La cortó en dos y, dentro de la tarta, vieron que había un nuevo artículo de Partre para Chick y una cita con Chloé para Colin. "

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